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Sobre la "muerte cerebral"

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[Español] 15/12/2009
Auteur / source : Pr Dr Pablo Requena Meana

En 1968 un comité de expertos de la Universidad de Harvard propuso una definición del coma irreversible, a la que denominó “muerte cerebral” (brain death), y estableció un protocolo para su diagnóstico. A partir de entonces este término entró a formar parte tanto del vocabulario científico-médico, como sucesivamente, del lenguaje común. En los últimos decenios se ha observado un cierto debate, a nivel más filosófico que médico, sobre el concepto de “muerte cerebral”, que ha favorecido en algunos una sospecha con respecto a su validez como criterio de muerte, sobre todo, en el ámbito de los trasplantes de órganos1. Dos problemas fundamentales se esconden detrás de este debate: uno de naturaleza metodológica, que confunde los planos del discurso (metafísico, gnoseológico, ético, fisiopatológico, clínico); y otro de tipo terminológico, condicionado por el anterior, que lleva a entender cosas muy diversas cuando se habla de “muerte cerebral”.

Clarificación terminológica

El término “muerte cerebral” es poco feliz, pues en su sentido literal indica que el cerebro “muere”, o que “ha muerto”. No es ni un concepto médico, ni tiene una significación clara en un contexto no especializado. El médico habla de “necrosis” (concepto anatomopatológico) o “disfunción” (fisiopatológico) de un órgano, pero no se refiere a un “hígado muerto” o un “pulmón muerto”. Incluso el concepto de “muerte cardiaca/cardiorespiratoria” ha comenzado a utilizarse solamente en los debates originados alrededor de la “muerte cerebral”. La muerte es un término que se ha referido siempre al organismo, como entidad biológica unitaria, y no a una de sus partes.